Tu mejor inversión

Como dice el dicho: “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”; hemos llegado a la última publicación, de esta primer tanda de artículos sobre educación financiera.

A lo largo de esta serie de artículos, que tienen como fin informar a nuestros lectores sobre temas como: ahorro, los diversos tipos de crédito y finanzas personales, tópicos que son necesarios para una sana economía personal y nacional; hemos tratado de dar una visión general para poder tomar perspectiva de asuntos importantes para toda persona económicamente activa, sin importar su profesión.

Para complementar estas publicaciones es necesario hablar sobre la “inversión”. Para no perder costumbre, permítanos definirles el significado de inversión.

 

¿Qué es inversión?


El término inversión se refiere al acto de postergar el beneficio inmediato del bien invertido, por la promesa de un beneficio futuro más o menos probable. Una inversión, es una cantidad limitada de dinero que se pone a disposición de terceros, de una empresa o de un conjunto de acciones, con la finalidad de que se incremente con las ganancias que genere ese proyecto empresarial.

Partiendo de esto, hay una serie de elementos involucrados que la definen:

  • Un sujeto (Inversor).
  • Un activo financiero (Dinero).
  • La renuncia a una satisfacción inmediata.
  • Un activo en el que se invierte.
  • Una promesa de recompensa futura, más o menos incierta.

 

La inversión es financiera cuando el dinero se destina a la adquisición de activos cuyo precio depende de las rentas que se supone generarán en el futuro, como las acciones de una empresa, depósitos a plazo y los títulos de deuda.

Como todo, cualquier tipo de inversión implica tanto un riesgo, como una oportunidad. Es un riego debido a que la devolución del dinero que invertimos no está garantizada, y es una oportunidad debido a que puede ocurrir que se multiplique el dinero invertido, así que se debe estar consciente de que se está asumiendo un riesgo.

En toda inversión hay que considerar cuatro variables distintas pero relacionadas:

  • El rendimiento esperado, es decir, la rentabilidad que esperamos obtener de nuestra inversión, y se suele medir como porcentaje de la cantidad invertida. Aquí hay que contemplar que hay una relación directa entre el rendimiento esperado y el riesgo asumido: a mayor rendimiento, mayor riesgo.
  • El riesgo aceptado, es decir, la incertidumbre sobre el rendimiento y sobre la posibilidad de que no se recupere el dinero invertido. Esta es una variable muy subjetiva y que definirá el perfil del inversor, y la aversión al riesgo que muestre. Un inversor conservador tenderá a invertir en productos de bajo riesgo y, por ende, de menor rentabilidad, como son los títulos de renta fija o los depósitos a plazo, aunque el interés sea menor que el que podría obtener en títulos de renta variable u otras inversiones.

 

  • El horizonte temporal de la inversión, que puede ser a corto, medio y a largo plazo. Las inversiones a más largo plazo suelen ofrecer tipos de interés mayores que los plazos menores. Un ejemplo claro son los “certificados de la tesorería de la federación” (CETES), frente a los bonos u obligaciones del estado.

 

 

  • La liquidez de nuestra inversión; es decir, con qué rapidez podemos recuperar nuestra inversión y a qué coste en caso de necesitar recuperarla. Por ejemplo, no es lo mismo invertir en acciones de uno de los grandes bancos del país, para los que se negocian diariamente en el mercado continuo miles de títulos, que hacerlo en una empresa cuyo volumen es muy bajo y, por tanto, desprendernos de los títulos podría llevar días, e incluso semanas.

Si nos fijamos en los elementos que constituyen la inversión, hay pocas diferencias entre ahorro e inversión, pero la principal se refiere al riesgo. Mientras que el ahorro lo podemos mantener en casa o en un depósito bancario, prácticamente libre de riesgo, cuando decidimos invertir, esperamos conseguir un beneficio que implica un riesgo.

Además, hay que tener en cuenta la regla de oro ya mencionada: a mayor beneficio, mayor riesgo. Según el portal de “El Financiero”, si bien en los últimos años ha crecido el interés de los mexicanos por sus finanzas personales, el tema sigue siendo tabú y sólo el 35% de los mexicanos invierten.

Por nuestra parte, cerramos con esta serie de temas que comprenden a una sana educación financiera, si te parecieron importantes estos temas y te gustaron las publicaciones…

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